Recientemente me encontré a una amiga que hacía mogollón de años que no veía. Coincidimos en un festival de música y bueno, nos pusimos al día. Bueno, yo lo intenté porque volví a sufrir ese severo caso de "no se de qué cojones hablar cuando salgo de fiesta por la noche". El caso es que no habían pasado ni diez minutos que ya estaba yo con mi proverbial: "bueno, pues nada..." que, traducido es "¿puedes brincar ya de aquí?
Y no es que no me hiciera ilusión verla. No es que no tuviéramos cosas de que hablar. Es que, simplemente, me quedo en blanco y quiero que el trago pase cuanto antes. Obviamente, podréis adivinar lo que he ligado yo en esta vida. Porque las tías no solo quieren que seas tú el que vayas a hablar, sino que encima...quieren que lo que digas sea interesante. Que estrés. Por he sido generalmente de la opción "me voy a enzorrar y prou".
Además, si añadimos que las pocas veces que estoy "inspirado" y mantengo una conversación medio larga saliendo de farraka, siempre tengo la sensación de que el de enfrente me va a bostezar en el jeto, pues ya me diréis.
Lo curioso es que no es cuestión de timidez. El que me conoce sabe que en otras ocasiones me pasa al revés: lo difícil es que hacerme cerrar el buzón. Entonces, ¿qué maleficio me embarga las noches de jarana? Yo con mis frases sueltas, mis bailoteos y mis tragos parece que tengo suficiente. Pero no es así, porque luego os veo a todos enfrascados en vuestras conversaciones y digo: "que envidieta".
Así que si alguna vez os da la sensación de que me os quiero sacar de encima o que paso de vosotros, no os lo toméis a mal. Es el bloqueo nocturno. Bueno, quizá con alguno se me pase que no tenga putas las ganas de hablar con él/ella. Pero seguro que no sois ninguno de los que leeis esto.
viernes, 25 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Hay que pillar el punto...y aparte
Viva el punto y aparte. Mueran los que nos destrozan la vista no poniendo ni uno y convirtiendo un texto en un mazacote infumable. Incluso aunque lo que se cuente sea interesante la falta de este inocente puntito y el espacio en blanco consiguiente puede tener un efecto alienante que ni cinco bombas de Hiroshima.
No hay nada que tire más para atrás que ver un conglomerado de texto sin un resquicio para el descanso de la vista. Suena a escritura compulsiva sin reflexionar. Y muchas veces no es verdad. Hay textos que están muy bien. Pero a la décima línea estás hasta los huevos y lo dejas por imposible. Porque en un texto no solo importa el fondo, sino la forma.
No hay nada que tire más para atrás que ver un conglomerado de texto sin un resquicio para el descanso de la vista. Suena a escritura compulsiva sin reflexionar. Y muchas veces no es verdad. Hay textos que están muy bien. Pero a la décima línea estás hasta los huevos y lo dejas por imposible. Porque en un texto no solo importa el fondo, sino la forma.
La autoayuda no me ayuda
Como si de una conjunción astral se tratara, me enfrento dos veces en poco tiempo al tema de la capacidad que uno tiene de cambiarse a sí mismo y las cosas a su alrededor. El tema sale a la conversación en una cena con unos amigos y al día siguiente leo un artículo en el suplemento de El País. En ambos casos me pongo como frenético. No lo puedo evitar.
No puedo evitar que me salga un sarpullido al escuchar razonamientos del estilo de "si quieres, puedes", "tan solo tienes que proponértelo y cambiarás", "puedes hacer del mundo lo que tú quieras"... y mandangas de autoayuda similares. Quien piense que tan solo depende de uno mismo cambiar su situación, está jodido, se está engañando y el batacazo que se pegará cuando se dé cuenta será de aupa.
No, señores y señoras, uno puede hacer lo que quiera...DENTRO DE LO QUE LE DEJEN. Si las cosas dependieran de uno mismo estrictamente nadie sería tímido, miedoso, depresivo... Y ahí llega la puntilla de los positivistas de los cojones; la que me hace ponerme como un tocino cuando discuto. Me levanto y empiezo a bracear, indignado, cuando oigo: "bueno, el que no cambia, es solo porque no quiere". Eso, cojonudo, si me pasa algo malo y no pongo la otra mejilla alegrándome de que el sol luce y los pajarillos cantan, es culpa mía.
No hago apología del pesimismo. Siempre digo lo mismo: "niños, no seais como yo". Está bien enfrentarse de manera positiva a las cosas. Pero no hay que encegarse pensando que basta con una buena sonrisa y una actitud positiva para que todo sea chiripitiflaútico. A no ser que estés drogado o vayas zorro.
De hecho, los momentos bajos, los malos ratos, pueden ser catalizadores de un cambio que sea a mejor. Si solo pensamos en lo bueno y metemos la mierda debajo de la alfombra, estamos alterando la realidad y eso al final nos pasará factura.
Todos tenemos un bagaje, una historia personal. No nos pueden meter en el mismo saco y hacernos creer que con cuatro ejercicios mentales, que muchas veces rozan el simplismo insultante, vamos a dejar nuestras frustaciones a un lado y nos vamos a convertir poco menos que en el puto señor Miyagui.
Sed conscientes de lo bueno, pero también sed conscientes de lo malo. Actuad en consecuencia e intentad ser moderada y razonablemente felices. Si lo conseguís, os podéis dar con un canto en los dientes.
No puedo evitar que me salga un sarpullido al escuchar razonamientos del estilo de "si quieres, puedes", "tan solo tienes que proponértelo y cambiarás", "puedes hacer del mundo lo que tú quieras"... y mandangas de autoayuda similares. Quien piense que tan solo depende de uno mismo cambiar su situación, está jodido, se está engañando y el batacazo que se pegará cuando se dé cuenta será de aupa.
No, señores y señoras, uno puede hacer lo que quiera...DENTRO DE LO QUE LE DEJEN. Si las cosas dependieran de uno mismo estrictamente nadie sería tímido, miedoso, depresivo... Y ahí llega la puntilla de los positivistas de los cojones; la que me hace ponerme como un tocino cuando discuto. Me levanto y empiezo a bracear, indignado, cuando oigo: "bueno, el que no cambia, es solo porque no quiere". Eso, cojonudo, si me pasa algo malo y no pongo la otra mejilla alegrándome de que el sol luce y los pajarillos cantan, es culpa mía.
No hago apología del pesimismo. Siempre digo lo mismo: "niños, no seais como yo". Está bien enfrentarse de manera positiva a las cosas. Pero no hay que encegarse pensando que basta con una buena sonrisa y una actitud positiva para que todo sea chiripitiflaútico. A no ser que estés drogado o vayas zorro.
De hecho, los momentos bajos, los malos ratos, pueden ser catalizadores de un cambio que sea a mejor. Si solo pensamos en lo bueno y metemos la mierda debajo de la alfombra, estamos alterando la realidad y eso al final nos pasará factura.
Todos tenemos un bagaje, una historia personal. No nos pueden meter en el mismo saco y hacernos creer que con cuatro ejercicios mentales, que muchas veces rozan el simplismo insultante, vamos a dejar nuestras frustaciones a un lado y nos vamos a convertir poco menos que en el puto señor Miyagui.
Sed conscientes de lo bueno, pero también sed conscientes de lo malo. Actuad en consecuencia e intentad ser moderada y razonablemente felices. Si lo conseguís, os podéis dar con un canto en los dientes.
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