lunes, 9 de junio de 2014

La experiencia unipersonal

El otro día fui a un concierto de Def Con Dos. Solo. ¡¡¡Y no se me comió nadie!!! Rompí una barrera, la de la pereza de hacer ciertas cosas porque no tengo con quién compartirlas. Bueno, la rompí en el apartado de espectáculos musicales porque hace tiempo que la he transgredido en los paseos por el monte, hacer deporte, ir al cine...

Fue una situación extraña, pero satisfactoria si la tenemos que calificar en conjunto. Tenía muchas ganas de ver a Def Con Dos. Salté, tarareé, silbé... Y entre tanta gente no se sabe si vas uno o treinta y cinco. Eso sí, en los momentos previos y posteriores al concierto mismo, tuve algún titubeo, algún paseo errante y mirada perdida. Gracias, Hombre del Espacio, por los Smartphones. Son una gran ayuda para los hombres solos en acontecimientos culturales. ¡Viva el Whastapp y el Instagram! Y es que no soy de hablar con desconocidos. Tengo muy poquito de public relations. Las chapas las reservo para los amigos...¡lo siento!¡Podría repartirlas un poco mejor!

Cuando tienes a tus amigos dispersos, con responsabilidades familiares, laborales o, simplemente, no comparten tus aficiones; Cuando tienes amigos que sí las comparten... a cientos de kilómetros (o incluso a miles, ¿verdad, Dani?) tienes que llegar a una determinación: o haces las cosas solo...o no las haces.

No soy un tipo valiente en ese sentido. Siempre estás con el resquemor del qué dirán (joder, tío, ¿has ido solo?). Yo mismo miro con recelo y con cierta compasión a aquellas personas que intuyo solas cuando yo voy acompañado (vamos, lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el tuyo) En ese sentido aquí somos más grupales. En los paises anglosajones ir por libre es más habitual. Aunque el ser humano sea fundamentalmente social.

Me ha costado muchas horas en casa (desaprovechadas) y muchos ratos de morirme del puto asco el darme cuenta de que, bueno, realmente no es lo mismo (no me caracterizo por disfrutar precisamente de mi mismidad, me gustan más las experiencias compartidas) pero también se puede disfrutar de cosas que haces a tu bola. Primero, el reto que supone cruzar el umbral de la puerta de casa para un culo sedentario como el mío cuya primera opción siempre es quedarse tumbado en el sofá rascándose el escroto. Cada vez que consigo salir ya es una victoria. Y eso merece la pena saborearse.

Luego está esa libertad de hacer lo que te salga de los güevos sin depender de nadie. Hay gente muy llevadera con la que se queda rápido pero otra que... ni hace contigo, ni te deja hacer solo. Así que están bien esas ocasiones en las que dependes de tus propias ganas exclusivamente. Aunque creo que a veces me sobra la improvisación porque no sé dónde voy a ir diez minutos antes de coger el coche. Y eso puede sonar muy romántico y aventurero pero en mi caso solo produce una cierta angustia vital de baja intensidad. y en el caso de ir al monte, puede causarme un disgusto algún día.

Así que, amigos, ya sé que muchos pensáis que ir por libre es mi primera opción y os da la sensación que soy un espíritu libre pero han sido más bien las circunstancias externas las que me llevan a montarme las cosas por mi cuenta. Si sirven para llevarme mejor conmigo mismo, para aguantarme más dignamente (tarea ardua, por cierto) pues bienvenidas sean estas experiencias unipersonales. Y ahora que ya voy hasta a conciertos, no hay quién me pare. ¿Qué será lo siguiente?¿Parapente?...Los cojones.


viernes, 6 de junio de 2014

El español contradictorio

El español es un ser humano contradictorio. La Constitución de su país puede decir que todos los hombres son iguales, pero un privilegiado tiene completa inmunidad por el simple hecho de haber nacido a través de un coño determinado. Su familia tiene unos privilegios que violan ese principio básico de convivencia y el español acata. El español es muy de acatar.

Puede haber en su país un partido político mayoritario que declara sus profundas raíces republicanas pero que, a renglón seguido, se declara súdbito de un Rey. El español puede declararse sin atisbo de reflexión No monárquico, pero sí juancarlista (ehmmmm, pero ¿no es Juan Carlos I un rey?) Pues entonces, eres monárquico, berzotas. Porque si no, ¿que harán ahora todos los juancarlistas? ¿borrarse de monárquicos? Pues se harán felipistas y seguirán asegurando que no son monárquicos. No pasa nada, aquí nuestra capacidad de asimilar las fricadas como algo ordinario es inacabable.

El español es un ser que se queja en el bar de lo bien qué vive la Familia a su costa ¡qué morro! e indignarse un segundo después cuando se le habla de república. El español es un ser que utiliza el argumento peregrino de ¡ya que está ahí, que se quede! El otro día hablaba con una señora y me decía: ¡Juan Carlos I hizo su servicio y ahora que no necesitamos la monarquía, ¿nos lo quitamos de encima? A lo que inmediatamente respondí. ¡Exacto! Es lo que se hace con las cosas que han servido y ya no valen.

La Monarquía es un residuo, un poso del café. Hay que lavar el vaso y seguir hacia adelante.

¿Egomaniaco? Oui, c'est moi

En serio, gente. Paradme ya. Siempre he tenido un ramalazo ególatra pero esto se está pasando de castaño a oscuro. ¡¡¡Si me he dado cuenta hasta yo viviendo en una cultura y en un país donde nadie reconoce sus defectos!!!¡¡¡Cómo debe estar el percal!!!

Interrumpo las conversaciones. Porque lo que tengo que decir siempre es más interesante. Ya puedo llegar a casa y decir: ¡Joder, tío!¡Córtate un pelo! Vuelvo a hacerlo en la siguiente ocasión. Es un bucle, una droga. Soy un yonqui de la atención.

Me repito. Porque la cosas que tengo que decir son tan guays que no puedo malgastarlas diciéndolas una sola vez, no vaya a ser que los demás no estuvieran atentos y se les haya escapado algo. Eh, ¿me estáis escuchando? No volváis la vista. Estoy aquíiiiiiiiiiiii.

Soy el más gracioso. El más ocurrente. Odio que alguien sea más ingenioso que yo. Le reventaría la cabeza.

No llamo a la gente para preguntarles como están. Les llamo para concederles el honor de contarles cómo estoy yo. Porque yo hago tours, porque yo pincho, porque yo me voy a patear al monte, porque tengo blogs, porque yo, yo,yo y...yo. Arghhhhhhhhhhh.

Os ruego encarecidamente a que cuando me esté pasando de la raya me lo comentéis. Eso sí, educádamente y no todos a la vez porque si no os mandaré a tomar por culo.

domingo, 1 de junio de 2014

Ayudar sin ganas está infravalorado

Ayudar a los demás haciendo algo que te gusta está bien y eso. Pero creo que hay algo que tiene aún más mérito y que ha sido injustamente infravalorado: ayudar por amistad haciendo algo que no te gusta. ¿Qué mejor prueba de amistad que ayudar a los demás haciendo algo que te toca los cojones? Me flipa cuando alguien me recrimina: "Joder, para hacerlo obligado no lo hagas". Y yo pienso, "coño, más mérito tendrá ayudarte cuando preferiría estar haciendo otra cosa como sacarme la borreta de la tripa".

Así que si algún día hacéis una mudanza, dadle la primera palmadita en el hombro a quien saque cara de pocos amigos porque, a pesar de que le estás gastando una putada, él/ella está ahí dando el callo. Habrá muchos otros que sonriendo te dijeron que te echarían un cable y que se quedaron en casa.