jueves, 24 de octubre de 2013

Oh, my god. They've been spying on us!!!

Homer Simpson, ese gran filósofo existencial, acusaba en un episodio a su mujer, Marge, de vivir "en la calle del Regaliz, de la ciudad del Chocolate en el país de la piruleta". Ahí se deben creer que vivimos nosotros toda esta caterva de políticos hijosdeputa que gobiernan este mundo como si fuera su partida de monopoli.

Solo así se entiende la que están montando. Lideres de países "civilizados" están muy, muy pero que muy requeteenfadados con Estados Unidos (hay que poner voz de niña pija refunfuñona para darle el tono adecuado) porque oh, my god, they've been spying on us!!! (que para los que no atendisteis en clase de inglés significa: Oh, dios mio, nos han estado espiando)

Emmm, ¿alguien duda a estas alturas que los servicios secretos de todos los putos países se espían entre ellos hasta cuando están plantando un pino, sean aliados o enemigos? Y quiero insistir en decir "aliados", que no amigos. Es tan ridículo como llevarse las manos a la cabeza por la caja B del PP como si fuera algo que no nos imagináramos todos. Que se haya comprobado no nos debería dar tanta sorpresa. Más que nada porque seguro que del PSOE para abajo, todos están haciendo lo mismo. Lo único es que no les ha salido su particular Bárcenas rebotado.

Así que, si ellos saben que se están espiando. Y si nosotros sabemos que ellos saben que se están espiando...¿a qué cojones tanta indignación? Anda y que se vayan todos a tomar por el culo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Me perdí algo en clase de mates?

Yo creí que había atendido en clase de matemáticas cuando era zagal. Y que 3.000 años son tres millares. Pero he aprendido que, en realidad, pueden ser veintipico. Al menos si nos topamos con la Justicia. Me podrán venir con hostias de que la Ley dice esto, que ordena lo otro; que los beneficios penitenciarios por un lado, que si el máximo número de años que se pueden cumplir de condena, por otro...

Y me digan lo que me digan yo siempre me quedo con la misma cara de "mi no entender". Si tú has hecho algo como para que te claven tres mil años de cárcel (como ser una etarra asesina) no me cuadra que a los veintitantos, salgas. Una de dos, o se es honesto y no se condena a nadie a más de treinta años (porque no los va a cumplir) o te jodes y si te tocan tres mil, pues ahí encerrado hasta que la palmes. Y si te portas bien en chirona, pues que te descuenten el tiempo de tu pena real, por los delitos que te han condenado. ¿Qué es eso de quitarla del máximo permitido?

La Justicia es demasiado abstracta. Entonces no sé para qué hay jueces, abogados y fiscales. Que te condenen por Easy Order, como en el McDonalds. Tanto has hecho, tanta pena estipulada. Pues no. Si has matado a treinta personas (cojones, que se dice pronto pero hay que ser desalmado e hijodeputa), llamadme lo que queráis pero esa persona no se merece reinserción ni hostias. A pudrirse en el trullo.

Nunca entenderé esta Justicia garantista de mierda en la que parece que importan más los problemas de los verdugos que de las víctimas.  

miércoles, 16 de octubre de 2013

No hay que confundir principios con censura

Mira que le gusta a la gente mezclar churras con merinas. El Ayuntamiento de Barcelona censura la foto de un torero que iba a anunciar en banderolas de toda la ciudad la exposición temporal World Press Photo. No se me podrá a mi acusar de gustarme el toreo. De hecho me parece, directamente, tortura. Pero es una gilipollez censurar la imagen porque no se trata del anuncio de un espectáculo tauromaquia, que todos sabemos que está prohibida en Cataluña, sino una fotografía que forma parte de la exposición de un premio internacional. Porque de eso va el World Press Photo, ¿no? de fotos, salga quien salga.

padilla word press foto

Como siempre, se tira la piedra y se esconde la mano. La censura es denunciable pero por lo menos lo honesto hubiera sido que los portavoces del Ayuntamiento de Barcelona hubieran dicho: sí, somos antitaurinos y no nos ha dado la gana de poner la foto del torero. Pero, ¿con qué salen? Escurren el bulto diciendo que no se censurado una imagen sino que se ha "seleccionado" otra. Por cierto, mucho más discreta y en contra del criterio del propio concurso.

Por lo tanto, como suele pasar en estas ocasiones, no hay un error sino que se acumulan dos: la censura por confundir principios con censura y el no tener los huevos de reconocer los motivos reales de este acto inquisidor.


martes, 15 de octubre de 2013

Menos moñacos y más información

Me suelo ir a dar paseos. De ellos trata mi blog http://andadetas.blogspot.com.es/  Soy un hombre de término medio así que ni me casco ocho horas para subir al ibón de jodopetacaquelejos, ni me quedo en casa en el sofá. Se trata de pateadas de entre hora y media y tres horas que sirven para hacer un poco de ejercicio y despejar la mente. Invirtiendo el tiempo que os digo, tengo la oportunidad en muchas ocasiones de aprovechar esos senderos que en algunas comarcas de mi zona habilitaron en su día con la esperanza (vana, en muchas ocasiones) de que alguien los hiciera. No me he cruzado con mucha gente en mis paseos, si os soy sincero. Y si lo he hecho, eran lugareños. No pringados como yo que han ido de propio.

Pero esa no es la cuestión. El problema que os quiero plantear aquí es muy sencillo: ¿Tan difícil es poner a qué distancia está el lugar de destino en el letrero de madera de turno?¿O la duración del trayecto? Y ya tirando la casa por la ventana¿qué tal ambos: duración y trayecto? Porque no es normal que te plantes delante del inicio de un camino y no sepas si estás a 3 kilómetros o a 300; si vas a tardar media hora ida y vuelta o vas a tener que hacer noche por el camino.



Para poner dibujicos en el cartel de esos de niño de cuatro años de andarines con su vara y su mochilica; para eso sí que gastamos esfuerzo y perras. Pues hombre, que si veo un cartel de madera a lo rústico con el nombre de un lugar que no es el que estoy en ese momento y que me supone un traslado físico. Y si veo un sendero que nace a mis pies...pues que ya me doy cuenta que es por donde tengo que ir para llegar a ese sitio. Hasta ahí me llega. Así que los grabados de senderistas esquemáticos a lo pintura rupestre levantina, pues como que me sobran. ¡¡¡Lo que me hace falta es saber cuánto voy a tardar y cuanto piazo voy a patear, coño!!!

Porque yo soy del género perezoso y muchas veces me hago el sendero en fin de semana, después de comer...y en invierno. Tócate la pera. Es decir, que tengo hora y media escasa para el paseo. Y como decimos en casa: lo que quiero es llegar y engarzar y no estar rascándome la barbilla elucubrando cuánto voy a invertir en mi paseo. No sería la primera vez que me tengo que dar la vuelta mascullando tacos entre dientes porque no sé el tiempo que me va a llevar el trayecto. O me animo y digo: "bueno, tres cuartos de hora de ida y tres cuartos de hora de vuelta hasta donde llegue. Si alcanzo mi destino bien y si no, ya volveré otro día con más tiempo". Con lo que me jode repetir sitios.



Que sí, que podría salir por la mañana, con tiempo. Que sí, que podría buscar información en Internet (que ya os digo yo que si no son senderos de Pirineo y Guara, la información que encontraréis y mis cojones treinta y tres) Pero que esa no es la cuestión. Hace falta esa mínima información que de tan básica es sonrojante que no la pongan. Joder, que estoy de llevarme en mis paseos un rotulador de tinta indeleble y escribir a la vuelta en el letrero lo que he tardado para que los incautos que vengan después sepan a qué atenerse. Pero es que entonces igual vienen los del Seprona y me multan por dañar la propiedad pública, que ya sería para mear y no echar gota.




lunes, 14 de octubre de 2013

Aburrido de Esperar

Recientemente he tenido oportunidad de "disfrutar" de unas cuantas horas de Hospital repartidas en distintos días. Nada grave, cirugía menor para mi madre en una rodilla. Pero me ha permitido darme cuenta de que lo que yo denominaría científicamente como "perder el tiempo de forma miserable" alcanza su máxima expresión en estos sitios.

He de decir que el fenómeno se agudiza si ya tienes un trato habitual con la persona hospitalizada. Porque si eres un familiar de esos de vez en cuando, pues te pones al día de todo lo acontecido desde la última vez que te viste y luego te piras. Pero yo vivo con mi madre (si, a mis 40 tacos pero eso es otra historia, alparceros) La he visto los días del ingreso, los de antes y la veré los de después. Y claro, tú llegas ahí, le das un beso, le preguntas ¿Qué tal estás?¿Has dormido bien?¿Ha venido alguien más a visitarte? y... se acabó la conversación. A ver qué leches haces las dos o tres horas restantes.

Pues os digo lo que se hace: se suceden las miradas al infinito; los soplidos, toses y carraspeos; el asomarse a la ventana y volver a asomarse al cabo de treinta segundos como si uno esperara que el paisaje hubiera cambiado (algo que solo puede suceder en tan corto intervalo de tiempo si pasa un tsunami)


Se entra y se sale continuamente de la habitación del paciente. Unas veces porque te echan enfermeras y médicos; otras, porque hay tantas visitas que eso parece el camarote de los Hermanos Marx. También sales fuera de la habitación...por hacer algo, por ocupar el tiempo. Sales al pasillo, andas como si estuvieras haciendo un casting para extra de The Walking Dead; buscas un lugar para sentarte (siempre incómodo).para después levantarte y volver a hacer kilómetros de vuelta por esos mismos pasillos, con los brazos caídos.

Me recuerda a cuando vas a un museo. Recorres varias los mismos pasillos con paso trotón, balanceándote de lado a lado. Te paras delanteen las habitaciones de los demás como quien se para ante las obras de arte (¿qué coño espero ver?¿Al enfermo y sus familiares en pose como si les estuviera pintando Velázquez?)

Durante estas esperas eternas se come y se bebe sin sustancia. Vas a las máquinas a pillarte una Coca Cola. Vuelves a las máquinas a pillarte un Kit Kat. Bajas a la cafetería a comer y a merendar. Te empapuzas cosas que parecen más experimentos genéticos sacados del laboratorio que algo hecho en una cocina. Si te lo sirvieran en un restaurante acusarías al chef de crímenes contra la Humanidad.

Para estas estancias me preparo como si fuera de viaje. Me he llevado un libro (en inglés, que es información superflua pero así me hago el chulo), los cascos para escuchar música, el móvil bien cargado para poder jugar al Apalabrados y el Triviate, me compro el periódico... Pocas veces tienes la oportunidad de leer el periódico de cabo a rabo, incluido el horóscopo, todos los suplementos, la revista de moda, el dominical, hacer el crucigrama...

Una de las estampas más patéticas es cuando intentas echar una cabezada en posturas imposibles, repantingado en sillas duras e incómodas diseñadas por satanás y perdiendo cualquier sentido de la vergüenza. Vamos, algo solo comparable a dormitar en un aeropuerto, en el metro, bus o el tren.

Un cuarto de juegos iría genial para los ratos muertos. Desde columpietes para los más pequeños hasta guiñote para los mayores, pasando por billares y videojuegos. Unas tumbonas en un pabellón a lo Huracán Katrina tampoco sobrarían. Visitas guiadas por las instalaciones (teatralizadas a ser posible), exposiciones temporales de artistas de la zona... Se admiten ideas para que, como decía aquella canción de Marc Parrot, no perezcamos "aburridos de esperar".

domingo, 13 de octubre de 2013

La otra América

Hace unos meses rajaba de esos realities bastante aburridos con los que nos atiborran a través de supuestos canales documentales. Sigo pensando lo mismo pero no voy a negar que, con las excusas de practicar inglés "real" y la pésima oferta televisiva de muchos días, me trago algún programa de estos de vez en cuando.

Y he descubierto una cosa entre toda esta basura televisiva de casas de empeños, rebuscadores de antigüedades en cobertizos de paletos sureños, cazadores de cocodrilos, millonarios anónimos, policías que ponen multas... Una cosa que me parece cojonuda: Gracias a estos programas es posible conocer a esos otros Estados Unidos que habían permanecido ocultos durante tanto tiempo. Lo que yo llamo "The Real America".

Hasta la llegada de la TDT y la necesidad de rellenar horas y horas de programación, habíamos conocido unos Estados Unidos que cuando no se limitaban a Nueva York o Los Ángeles, hacían pintorescas incursiones en el "campo" estilo Doctor en Alaska. Los urbanistas son "supercool" y están siempre a la última. Los de los pueblos son filósofos rurales que se rigen por inmaculados principios de moral luterana. Good Bless America.

Unos Estados Unidos de cliché con policías heroicos, violentos e incomprendidos de gatillo fácil, animadoras neumáticas y capitanes de fútbol americano de mandíbula cuadrada, barrios residenciales de casas de 300 metros cuadrados y jardín con el césped siempre perfecto en las que los hijos tienen verdaderos parques temáticos en el sótano de su casa; ejecutivos de éxito en la Gran Manzana y periodistas que se ganan la vida escribiendo un puto artículo a la semana (por favor, que alguien me diga dónde echar currículums para trabajar en esas revistas).

Seguramente sin proponérselo, estos realities nos permiten conocer unos Estados Unidos, seguramente mucho más reales, de embarazos adolescentes, destartaladas casas de madera que parece que va a derribar de un soplido el lobo del cuento; personas de 150 kg para los que el McDonalds es la regla y no la excepción, tirados que van a empeñar las joyas de la familia, el televisor o la dentadura de su abuela por "cincuenta pavos".

Así que cuando estéis hasta los güevos de Mujeres Desesperadas, Friends (y que conste que adoraba esa serie), Sexo en Nueva York, Everwood... poneos El Jefe, Empeños a lo Bestia, Millonario Anónimo, Embarazada a los 16, Ya No Quiero Estar Gordo, Los Cazadores del Pantano o Esta Casa era una Ruina. Vamos, para equilibrar la balanza un poquito.

lunes, 7 de octubre de 2013

"Destino Oculto" o cómo clavarte doblada una peli romántica

Llevaba varias semanas viendo las promociones en la tele: Matt Damon corre por las calles de Nueva York, perseguido por misteriosos hombres trajeados y con sombreros a lo Mad Men. Hey, mola, acción de encefalograma plano para el domingo noche (me encantan las pelis de Jason Borne). Una vez que ha acabado la peli y tras reflexionar unos segundos con cara de Homer Simpson (con mirada perdida y dedo en la nariz incluido) me he dicho: ¿es sensación mía o me han clavado doblada una peli romántica pasada por el barniz de una fantástica?

Y me he dado cuenta de que no es tan difícil que los tíos veamos una peli de esas de amor: que nos la recubran de extraños personajes que no se sabe qué son (extraterrestres, ángeles...), algunas carreras paquí y pallá, alguna hostia como un pan y...voilá, nos tragamos dos horas de peli romántica fijo.

Porque al final si tuviera que resumir "Destino Oculto" no deja de ser chico y chica se encuentran, se enamoran, parece que los astros están en su contra y se suceden los encuentros y desencuentros. Tras superar todos los obstáculos (el amor todo lo puede y esas mierdas que no han hecho más que intoxicar las relaciones del mundo real) chico y chica acaban juntos. Vamos, un episodio de Lo que Necesitas es Amor en toda regla.

Fucking hell!!!


El ocio nocturno disminuye el sentido de la autoconservación (en los demás)

La gente, cuando se toma unos tragos (o algo más) pierde totalmente el instinto de conservación. Cualquiera que me conozca sabrá que no soy un tipo en absoluto violento (no me he peleado nunca, excepto un par de veces de crío y no creo que una riña de esas cuente) Pero sí tengo un físico (peso más de cien kilos), entre otras cosas, que hace que me resulte muy difícil entender por qué, de vez en cuando, viene algún gilipollas que no conozco a soltarme alguna gracias de esas de reirse él solo. O algún comentario pretendidamente original que debería analizar más friamente antes de abrir el buzón.

Porque, como digo, yo no soy violento. ¡¡¡Pero ellos no lo saben!!! Y aún así se acercan a incordiar a un tipo grande y calvo que a alguna vez le han confundido con el portero del local. ¿De verdad no se paran a pensar que podría ser un chungo que les tronzara por la mitad? Así que he llegado a la conclusión de que la noche hace que a algunos se le fundan los plomos y se crean que sus memeces me pueden interesar de alguna manera. Porque yo entiendo que alguno, en su ofuscación etílica conjuntada con el aburrimiento (porque si no no se dedicarían a tocar los cojones) se dedique a buscar parecidos. Pero otra cosa muy distinta es que crean necesario el contármelo.

Consultando con amigos y analizando el asunto me he dado cuenta del problema: los cien kilos no valen de nada si te ven reir, bailar, pasarlo bien y estar de buen rollo. Es triste pensar que la única manera de que no te venga el subnormal de turno no es solo parecer un portero de discoteca, sino ¡¡¡comportarse como un portero de discoteca!!! El problema es que mi madre me ha educado de una manera (¡¡¡Dios la maldiga por ello!!!) que se resume en frases como "déjalo, no vale la pena", "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio" y/o "la mejor palabra está por decir".

¿Sabéis que he conseguido yo siendo tan políticamente correcto cada vez que viene un mendrugo de estos? Cogerme un cabreo del copón por no mandarlo a tomar por el culo. Y digo yo ¿por qué debería tener una educación que algunos no tienen conmigo? Así que, sin decírselo a mi madre (no quiero decepcionarla) y después de viejo, ya he comenzado a sacarme a parásitos de encima a cajas destempladas. Yo pasaré un momento incómodo, cierto, pero al menos ellos sabrán qué me parecen sus ocurrencias.

La última la ha protagonizado un tío que huele a femero y me pregunta, ejem, si me lavo las manos después de mear (será porque quiere aprender a hacerlo) y a decir que un amigo mío (y lo señala) no se lava. Un amigo que tiene, por cierto, una higiene impecable. ¡¡¡Pero, tío, ¿tienes las fosas nasales taponadas por tu propia peste? Es como la típica vecina obesa que te aconseja que no comas tanto, que mira cómo te estás poniendo. Menos mal que no necesité mucho para que se pirara (Un dedo amenazante y una sola frase "a partir de ahora no me hables más") ¿Veís?, sin aspavientos ni palabras malsonantes.

Creo que voy a hacer un esfuerzo contra natura y tener cada vez menos paciencia con la patulea de gentuza con la que, desgraciadamente, comparto espacio algunas noches.

Amiguitos, la educación se tiene con la gente que es educada contigo. A la purria...¡¡¡que les den por el culo!!! No tengáis tanta paciencia.