viernes, 17 de mayo de 2013

La Comunidad de la Pulsera

Son curiosas las pequeñas cosas que parecen chorradetas pero que nos definen más de lo que pensamos. Pueden hacer de pequeño rasero por el que medimos al resto del mundo aunque no seamos conscientes de ello más que en determinados momentos puntuales. Incluso que nos pueden hacer pensar algo tan peregrino como "éste es/no es de los nuestros".

Si yo tuviera que decir uno de los rasgos que me definen serían las "pulseretas". Cientos habrán pasado por mis muñecas en los treinta años que habrán pasado. Deben ser importantes para mi cuando me acuerdo perfectamente cuál fue la primera que me puse: una pulsereta de cuero que me compre en la Feria de Muestras de Zaragoza, cuando hice una excursión con el colegio a los nueve años de edad.

Desde entonces, me las he comprado, me las he hecho, me las han hecho, me las han regalado...me las he puesto de cuero, de lana, de algodón, de metal, de cáñamo... En el tema pulseril he hecho de todo, incluyendo cosas bastante ridículas. Por ejemplo, de zagal usaba gomas de pelo o cogía un hilo de lana de cuando mi madre tricotaba, me lo enlazaba a la muñeca y au, pulsereta al campo. También le dije a mi padre que me hiciera un apaño con la cadeneta de acero inoxidable que sujetaba el tapón de la bañera. Sí, como lo oís. Desgraciadamente, no han sido las cosas más ridículas que he hecho en mi vida; esas mejor me las callo. También me acuerdo de aquellas "esclavas" cutres que te dejaban toda la muñeca manchada en cuanto sudabas una miaja.

Viví una época en la que pocos zagales llevaban pulseras. Recuerdo comentarios de que eso era poco menos que "de maricas". Sí, como lo oís. Tolerantes los ha habido siempre. Durante bastantes años no había ningún problema en mercadillos y otros lares para encontrar pulseras de todo tipo. De repente, se desvanecieron de la faz de la tierra y no había modo de encontrar una, especialmente de cuero. En los últimos años, con la proliferación de mercados medievales, renacentistas... la artesanía del cuero en particular ha vuelto. Ya véis, nueva edad dorada pulseril.

Últimamente, parece que todo dios las lleva, incluso hasta aquellos de los que digo yo que no les pega llevar pulseras y que se han apuntado al carro. Hasta en esta chorrada hay "posturetas". O se ha normalizado la situación. He visto hasta a Vicente del Bosque, seleccionador nacional de fútbol o al puto Aznar con pulsereta.

Esta circunstancia que, como os digo, puede parecer una tontería, hace que me fije en quién lleva pulseras y de qué tipo son. Por ejemplo, Paul Walker, actor de obras maestras del séptimo arte como the Fast and the Furious (la de los coches tuneados) lleva pulseras en casi todas sus películas. Sin salir del gremio pero con mucho más nivel, John Wayne, especialmente ya de yayo, llevaba de esas pulseretas que parecen de latón pa que no te suba la tensión.
El actor Paul Walker

Cientos de las pulseretas que he llevado simplemente han sido elementos decorativos sin más pero algunas de ellas han tenido un significado sentimental. Una amiga mía de Logroño, sin que se dedique al tema, se pasó varios días haciéndome una que me regaló para mi cumpleaños. Eso es conocer a un amigo, las cosas que le gustan y esforzarse por hacerle un regalo personalizado. También me acuerdo una muy finita de cuero que me pillé en Besalú (Girona) que me encantaba. Quizá sea que me la compré un día de excursión con dos grandes amigos que no se conocían entre ellos. Salió un día increible. O que la llevaba en la única ocasión en la que he ido al Monegros Desert Festival, que también es una fecha también muy señalada en mi calendario vital.

Por ahora, no pienso cambiar. Sigo llevando pulseras y si no cambia la cosa seré uno de esos yayos pulsereros. 




lunes, 13 de mayo de 2013

Mi mierda es más mierda que tu mierda

El escatológico título de este artículo bien podría ser el nombre de una canción de rap. Y es que por mucho que me hablan de movimiento urbano, conciencia social y no sé qué hostias más, el 97,2% de las canciones de rap que oigo me suenan a concursos de "a ver quién tiene la polla más larga". Que sí, que vale, que no se puede generalizar. Pero si no generalizamos, no habrá manera de hablar de nada, joder.

Y lo cojonudo es que a mi me gustaba el rap cuando era zagal. A eso de los 16 años y gracias a la televisión local que me permitía ver la MTV, accedí a un estilo de música impensable en los ochenta en un pueblo de Huesca. Pero es que entonces el rap era puro hedonismo y buen rollo (De la Soul, Young MC, Tone Loc).

Si acaso demasiado cafre y machista muchas veces pero en otras, muy funky y bailoteras. Hasta que llegaron los gangsta y se instauró la ley de "mi mierda es más mierda que tú mierda y cuando yo rapeo mi mierda tú te cagas en los pantalones y te vas llorando como una nenaza, porque soy supermalo y digo las cosas superclaras". Vamos, lo que decía mi madre de "tener la mierda siempre en la boca" cuando me oía decir tacos.

Progresivamente, la música (je,je música digo) se fue haciendo más monótona ocullta en una perorata de tópicos y bravuconerías. Desde hace bastantes años, yo haría que en los diccionarios se evitará poner que el rap es un estilo musical. Será poesía urbana, recitado con base rítmica... yo qué sé, pero ¿qué leches tiene de música?

Mención aparte me parecen las ridículas peleas de gallos en la que dos raperos se "enfrentan" en el escenario. Reyes de la improvisación, mentes ágiles que disparan rimas? mis cojones. Se limitan a decir lo buenos que son ellos y lo basura que es el mongolo que tienen enfrente. Anda, no me jodas.