Como siempre, se tira la piedra y se esconde la mano. La censura es denunciable pero por lo menos lo honesto hubiera sido que los portavoces del Ayuntamiento de Barcelona hubieran dicho: sí, somos antitaurinos y no nos ha dado la gana de poner la foto del torero. Pero, ¿con qué salen? Escurren el bulto diciendo que no se censurado una imagen sino que se ha "seleccionado" otra. Por cierto, mucho más discreta y en contra del criterio del propio concurso.
Por lo tanto, como suele pasar en estas ocasiones, no hay un error sino que se acumulan dos: la censura por confundir principios con censura y el no tener los huevos de reconocer los motivos reales de este acto inquisidor.
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