jueves, 5 de enero de 2012

Te pareces a...

Me parezco a un conocido actor español. Hasta yo lo veo. Mi santa madre incluso guardó una foto de ese tipo porque decía que era clavadito a su querido hijo. Hasta ahí, bueno, vale, me alegro. Es lo que hay.

El problema es cuando te lo han dicho cuarenta y siete mil quinientas doce personas desde que el susodicho actor se hizo famoso. Y no es que tenga nada en contra de él. Al revés, me parece un actor cojonudo.

Pero "los que nos parecemos a alguien" sufrimos un abanico de reacciones que van del comentario amistoso y bienintencionado del estilo "es que te pareces mogollón" al del subnormal borracho que te llama cincuenta veces por el nombre del personaje que ha dado fama al actor en cuestión. Y cuando pones cara de estar hasta los cojones, te dice: "hombre que te lo digo de broma, no te habrás ofendido".

Aquí quiero hacer un inciso. ¿A santo de qué ese prólogo de "hombre, te lo digo de broma" es una bula papal para todo? Nunca lo he entendido.Será una broma cuando a mi me lo parezca, no cuando lo diga el gilipollas de turno. Más de uno debería entender que broma es cuando se ríen el emisario y el receptor.

Pero a lo que íbamos. Yo entiendo que me puede parecer a un actor. Incluso que a alguien eso le resulte curioso. Pero, ¿quien le ha dicho a esa persona que a mi me apetece saberlo?¿Que tiene que venir a contarme su descubrimiento?¿Y que además me tiene que resultar divertido o corro el riesgo de ser un borde sin sentido del humor?

Lástima muchas veces de esa encrucijada que en mi vida marca la prudencia, educación, vergüenza e incluso cobardía porque la frase "te pareces a" se merece como mínimo una contestación del tipo "¿y?" o su versión alargada "¿Y a mi qué cojones me importa?"

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