lunes, 25 de mayo de 2015

Año Cero

Las cosas están cambiando. Demasiado rápido para aquellos partidos tradicionales que han convertido nuestra democracia en una bufonada; un bipartidismo de facto con varios comparsas consolidándolo a cambio de ejercer de bisagra por unas migajas. Demasiado lento para aquellos que dicen que son el cambio pero pecan de arrogancia, creyendose el ÚNICO cambio posible.

A los del "sí se puede" les irá mejor si reconocen que para un porcentaje de votantes el cambio es votar a la misma mierda con distinto signo. Para otro porcentaje, el cambio es votar a lo mismo pero con apariencia de nuevo y menos arrugas. Como alguno decía, "la marca blanca" de lo que ya existe. Es la forma de ajustarse a la realidad y no dejarse llevar por los cánticos mesiánicos del "Yo soy la única verdad".

Los de siempre deberían estar con el culo preto. Les vienen soplando la nuca los nuevos y ha habido varios "zascas" importantes. Se habían apoltronado y nos habían hecho asumir a los ciudadanos de a pie prácticas que corrompen el sistema. Se han alejado de la gente y viven en putas burbujas. Las candidaturas populares van a gobernar, previsiblemente, en tres de las cinco mayores ciudades de España (Madrid, Barcelona y Zaragoza) Ahí es nada.

Los nuevos tienen que poner los pies en la tierra. Primero, se ha de evitar arrogarse el papel de salvador único de la democracia. Puede haber gente hasta los huevos en todos los partidos, incluso en los viejos. La depuración del sistema ha de venir de forma transversal. Un dato para que mantengan los pies en el suelo: el PP ha sido el partido más votado; el PSOE, el segundo. Es decir, se da la paradoja de que han cambiado muchas cosas en lo particular pero se ha mantenido la dinámica en lo general. Ojito para las generales.

Ahora hay que arremangarse. Para los nuevos, haber llegado al poder será un arma de doble filo. Llegar hasta donde han llegado no les va a servir de nada ahora. Empieza un proceso completamente nuevo: gobernar, entrar en la dinámica que ha sido una de sus principales fuentes de crítica y no acabar haciendo lo mismo por inercia. Se van a encontrar con muchos dilemas morales. Algo que los políticos viejunos hace tiempo que han dejado atrás. Y eso ralentizará la gestión.

Hay que pactar con los de siempre y eso empezará a generar disensiones. Algo tan malo como el pensamiento único de las formaciones políticas tradicionales es precisamente el pegamento que las mantiene unidas. Habrá que ver cuánto dura la cohesión de estas plataformas con distintas sensibilidades y no tardarán en empezar las riñas. Además, el establishment va a poner palos a las ruedas a las nuevas formaciones, a las que ven como extrañas. O se van a aprovechar de su carácter naive para metérsela doblada con los pactos y traerlos al barro de la peor cara de la política: la del cambio de cromos.

Los ciudadanos están entrando por primera vez en el coto de los políticos. Van a necesitar paciencia y cuajo para no acabar hasta la polla a las primeras de cambio.




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