El otro día estaba viendo "First Dates" en Cuatro. Sí, repito, estaba viendo "First Dates", programa que va sobre citas a ciegas televisadas con gente de lo más variopinta. A ver, que lo estaba viendo la mujer de los cabellos de fuego, que es fan Y yo estaba al lado. Pero no es excusa, que podría haberme ido a otro cuarto, que bien que huyo despavorido cuando mi padre pone "Hombres, Mujeres y Viceversa".
Pero, al grano, que lo del programa es secundario. Sale un tipo y lo primero que le dice a su potencial pareja es: "Lo que busco en una mujer es que sepa aguantarme, porque soy especial". ¡Ole tus cojones, capao! Y siento que se inicia uno de mis habituales e inútiles ataques de indignación que no me sirven más que para irme acercando al infarto conforme pasan los años y no me quito el sobrepeso. Porque a lo largo de la vida no es la primera vez que uno se topa, en directo o a distancia, con gente "especial". Como a buen seguro os ha pasado a vosotros.
Ser "especial" es una especie de patente de corso para que uno vaya haciendo lo que le viene saliendo de los huevos sin dar explicaciones. Si se las pides por algún acto "especial" que haya protagonizado la única que te da es eso de "Bueno, es que yo soy así: especial". Lo mejor es la declaración de intenciones siguiente: Y NO VOY A CAMBIAR.
Y yo digo... ¿Quién coño da el título de "especial"?¿A qué academia se va?¿Qué te hace a ti mejor que a mi, soplapollas?¿El que lo digas tú en voz alta?
Los especiales parecen tener un superpoder que les hace inmunes a todas las mierdas que nos tenemos que tragar los demás. Son listos, los jodíos. Puedes ser un borde, un maleducado, que si dices eso de "soy especial", los demás tenemos que asentir aprobatoriamente, dar un paso atrás y alejarnos con una reverencia. Pues no, señor. Amiguitos especiales. Los que os declaráis publicamente especiales simplemente sois... especialmente gilipollas. Que si jugamos a eso yo puedo ser el tío más especial del mundo, que la tentación es fuerte y parece que la recompensa es mucha, y en cambio aquí me estoy aguantando. O todos moros o todos cristianos.
Como aquella tipa que hace unos años me espetó. "¡Ah!, ¿tú eres el zagal ese que me han dicho que es gracioso?¡Pues a mi no me haces nada de gracia!". Contesté: "Bueno, te conozco desde hace un minuto (y ya me caes como el culo, que no hago gracia dice la asquerosa) y comprenderás que mi misión en el mundo en este momento no es hacerte reir". "No le hagas caso, es que ella es así, un poco especial", me recriminaron mis amigos por haber sido tan borde. ¡Coño!, es que ella era especial y yo no, ¡Que despiste el mío!
Un consejo: alejaos de los especiales porque las más de las veces, especial equivale a "sociópata" o "torpe emocional". Y bastantes hostias tenemos que soportar cotidianamente para hacerle a nadie trato de favor inmerecido.
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