En este mundo hay garrulos que creen que la mujer es inferior. Sin
ambajes. Babosean cuando salen por la noche, creen que soltar una
obscenidad con cara de salido es un piropo que la mujer debería
agradecer, acechan desde la barra del bar como cualquier rapaz, piensan
que la mujer donde está mejor es en casa cuidando de los niños,
reaccionan violentamente cuando se les llama la atención,
toman a la mujer como una propiedad ("es mía o de nadie"). Tristemente,
son causa perdida. Mejor que desaparezcan cuanto antes de la faz de la
tierra y sean sustituidos por hombres cultos, educados en valores y
firmes defensores de la igualdad. Es tarea de todos, hombres y mujeres,
educar a nuestros hijos hoy para que sean hombres íntegros y justos
mañana.
Pero, ¡ay! que tenemos al machista de incógnito. Ese
que ha barnizado su machismo. Lo ha "suavizado". El que va de tolerante
de puertas para afuera. El que, bueno, reconoce (a veces, a
regañadientes) que nuestra sociedad es patriarcal, no igualitaria. Pero
luego se siente amenazado si se acerca a una manifestación feminista
("hombre, es que algunos lemas..."). El de "las mujeres ya se están
pasando, son unas exageradas, no se les va a poder decir nada". El que
equipara asesinatos de mujeres a manos de hombres, comprobados y
condenados, con supuestas agresiones de mujeres a hombres que "no lo
denuncian por vergüenza". El de las denuncias falsas. El que piensa que
las feministas odian a los hombres para así no tomar partido por las
mujeres y practicar un corporativismo masculino despreciable ("me niego a
sentirme culpable por ser hombre", dicen). A ellos les decimos:
"vuestras excusas no valen". O se defiende la igualdad de derechos o se
es un machista.
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