lunes, 2 de abril de 2012

En la ciudad hay museos y teatros

Si hay algo que me ha quedado claro es que en la ciudad hay museos y teatros. Porque ese es uno de los principales argumentos (sino el principal) del que asegura que es mejor vivir en la ciudad que en un pueblo. "Es que hay más museos y teatros", te dicen. Y se quedan tan panchos. Y yo pienso: "este tío es conserje en un museo". Porque, honestamente, ¿cuanto tiempo pasarán en museos los que viven en ciudades? A tenor de cuanto lo usan como excusa, un par de horas diarias.

Y es que en esta dicotomía pueblo-ciudad siempre me ha parecido que las razones de los urbanitas son más bien de carácter sentimental: "es que he nacido aquí", "es que he vivido muchos años aquí", "es que no sabría vivir en un pueblo", "Cuando me voy echo de menos la vida, el bullicio". Y yo me quedo en plan: pues bueno, pues vale, pues me alegro.

Yo soy de pueblo. Y bien contento. A mi no me venderá nadie la cantinela de la ciudad. Eso sí, aunque soy más bruto que un "arau", no soy ningún paleto. A mi hay ciudades que me han parecido acojonantes, preciosas... muy bonitas para visitar pero no iría a vivir ahí ni farto vino. Mi resumen es: Muchas casas y demasiada gente.

A veces digo en broma que muy bien se tienen que llevar cientos de miles e incluso millones de personas para decidir compartir ciudad como quien comparte piso. Y resulta que es todo lo contrario. Es llegar y empezar con la ristra de consejos: cartera en el bolsillo delantero, bolso puesto de cruzado, por este barrio no vayas, cuidado en el metro...Joder, que estrés.

Luego está el autismo de la peña. Para comprobarlo, nada más hay que ir en el metro. Miradas perdidas, uno con sus cascos, otro con su periódico, otro mirando las teles esas que han puesto en el metro, uno mirando al suelo para no cruzarse la mirada con nadie. No voy a vender la moto de que en los pueblos nos saludamos todos (lo que sería un coñazo, por cierto) y menos yo que soy un borde. Pero, coño, muchas veces sueltas un "yep" con ligero movimiento de cabeza y cumples.

Añadamos los habituales problemas de polución, para aparcar, para quedar con la gente si cada uno viene de una punta de la ciudad, los precios mucho más altos para todo, el tráfico rodado... ¿Alguien da más? Y oye que da seguridad que en los pueblos conozcas por nombre y apellido al yonqui y al pirado. Te acojona, pero menos.

Tampoco os voy a engañar. No es lo mismo vivir en un pueblo grande como el que vivo yo, con cerca de veinte mil habitantes, que en Colodrillos del Patatal, con cinco yayos empadronados y tres cabras. Funcionen mejor o peor, y si encima es cabecera de comarca, cuentas con bastantes servicios y oportunidades de ocio. Y sí, nosotros también tenemos museos pero se llaman Centros de Interpretación.

Comprendo de todos modos que en determinado tipo de profesionales las salidas en el entorno rural son nulas y no haya más remedio que brincar a la ciudad. Tampoco se ha producido apenas algo de lo que ya me hablaban a mi hace más de veinte años en el instituto: el teletrabajo. "Mucha gente volverá a los pueblos porque gracias a las nuevas tecnologías se podrá trabajar desde casa". Los cojones. Los hijoputas de las líneas telefónicas no se asoman a los pueblos porque no les sale rentable. Así que casi treinta años después, tenemos mogollón de pueblos abandonados, otros sin cobertura y unas carreteras de mierda. Lo que hace que la gente se siga apelotonando en las cities.

* A mis amigos que viven en ciudad y con el ánimo de aprender, les pregunto cuales son las razones que les hacen vivir en el entorno urbano. Y así conozco su punto de vista.

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