1
- Aquí pasa algo raro-, exclamé. Era la quinta persona en diez minutos a la que le apestaba el aliento. Y claro, eso no se le escapaba a una mente despierta como la mía, no en vano era uno de los mejores en mi profesión: periodista sensacionalista. "Cuanta más mierda, mejor" es mi lema.
Mi mujer, ante la que a duras penas pude omitir una mueca de disgusto cuando me dio su beso matutino; mi hijito que con su mortífero aliento había acabado con sus dos cactus y su venerada tortuguita; el señor Hollander, que casi me hace caer de culo cuando me saludó con su habitual "buenos días"; la mujer de la limpieza y ahora, la vecina del quinto, en el ascensor. -Algo huele mal- pensé y la frase me pareció del todo acertada.
Así que, sin apenas poder contener mi vivo deseo de vomitar en el ascensor, ante la salvaje halitosis que parecía haberse apoderado de la boca de la vecina del quinto, salí a escape en cuanto la puerta de abrió, mostrándome un poco de aire fresco que me afané por respirar.
Llegué a la redacción del periódico donde había malgastado mi talento durante tantos años y como los temas del día eran pura basura (pero no de la buena), comencé a investigar tan intrigante asunto. Pero a medida que fui desarrollando mi labor periodística en toda su extensión (famoso me han hecho mis pagos con droga a confidentes...sobre todo entre los yonquis) mis teorías se fueron a tomar por el -piiiiiiiiiip- una por una, implacable e irremisiblemente.
Llegué a casa derrotado, exhausto y triste, además de asqueado porque en la calle había un tufo de la hostia. Así que me fui a dormir. Pero no pude (¡¡¡joder, que mal olía en aquella casa!!!) Cuando la ovejita 17.133 había saltado la preciosa valla azul celeste que mi prodigiosa mente fabricó, sonó el teléfono. Con mi habitual habilidad y rapidez de reflejos, le di un manotazo y cayó al suelo, descolgándose.
-¿Oiga?, ¿Mike Ock?-, dijo una voz al otro lado
-¿Diga?-, contesté, cogiendo el auricular
-¿Mike Ock?-, insistió la voz con tono irritado
- Sí -, dije
- ¡No me interrumpa!, dijo
- Vale-, dije
- Soy el profesor Smith, de la NASA
- ¿De dónde?-, dije
- ¡De la NASA, capullo!, dijo
- Me la pela-,dije
- ¡No me interrumpa!, dijo. - El planeta Tierra está siendo invadido por una inteligencia superior que está suplantando a los humanos uno por uno-, dijo.
- Pues vale-, dije
- Su particularidad y único medio de descubrirlos es la permanente halitosis que sufren-, dijo
- Pues la hemos "cagao"-, dije. -En la calle no se puede estar del pestazo que hay. Hágame el favor y péguese un tiro.
- ¡¡¡PUM!!!-, dijo su pistola.
2
Ellos no me han descubierto y yo me he integrado. Posiblemente soy el único ser humano vivo pero, qué coño, tampoco éramos gran cosa. Además, estos marcianos no están tan mal si no les hablas cara a cara. Podrían haber tenido tentáculos y ser como calamares de metro ochenta. O apechugas con lo que hay o haces como el profesor. Por ahora, me conformo con papearme tres kilos de ajos diarios.
Mañana dios dirá.
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