El pequeño Nicolás (hey, gente, no os paséis con él que se llama Fran) es el nuevo puto amo. Vaya eso por delante. Barcenas es historia. Francisco Nicolás es una bofetada en la cara a los se empeñan en negar que seamos un país de pandereta. Es un personaje real que parece de ficción. Entronca con el Buscón de Quevedo y el Lazarillo de Tormes. Con el Berlanga más desatado. Es el espejo en el que todos los desocupados y los ninis podridos de pasta de este país van a mirarse (no se preocupen los pobres poligoneros de mismas inquietudes, que esos mantienen sus modelos a seguir en Gran Hermano y Mujeres, Hombres y Viceversa)
Little Nicky nos ha convencido de una cosa que ya sabíamos pero que nunca viene de más que nos recuerden: los que mandan con gilipollas. Sé de buena familia, vístete como ellos, saca la misma cara de tocino que ellos, coincide con ellos en los mismos saraos... y ya estás en el Olimpo de los garrulos del riñón forrado: de constructores de palillo en la boca, de políticos corruptos que se van de putas con nuestro dinero. Analfabetos funcionales que ocupan alcaldías, ministerios, presidencias de asociaciones empresariales, consejos de administración de multinacionales. Ellos reconocieron a Nico, nuestro Nico, como uno de los suyos. Porque ellos también fueron el pequeño Nicolás. Tuvieron que arrimarse al ganador, cambiar de chaqueta a conveniencia, asestar puñaladas traperas y lamer ojetes hasta llegar donde están.
No me tengo por una persona demasiado inteligente pero yo veo aparecer a un imberbe con pinta de machacársela más que un mandril que me dice que trabaja para el Centro Nacional de Inteligencia, la Casa Real o la NASA y lo primero que hago es partirme el culo en su cara y decirle que se vaya a jugar a los SIMS. Lo segundo que hago es enviarle a cascala. Pero no, este tipo se paseó en coches oficiales, vivió en un chalé arrendado por una constructora a un noble, estuvo en la coronación del Rey Felipín... Y muchos se la tragaron doblada.
Gracias, Nicolás, me estoy diviertiendo mucho con tus aventuras. Con la cadena de desmentidos en cascada de todos esos que salen sonriendo contigo en las fotos. Con el bochorno de aquellos que creyeron que eras el James Bond español. Estoy esperando el libro y después la película. Dirigida por Santiago Segura, por supuesto.
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