Hace unos días estuvo por aquí Alejandro Cao de Benós. El nombre, así a palo seco, no dice nada pero se trata de un alto cargo del régimen comunista de Corea del Norte. Ese que dice lindezas como que le gustaría coger un fusil e ir a Estados Unidos a pegar tiros. Vamos, un moderado; un pacifista. Y se montó el Belén, y eso que ya habían pasado las Navidades. Los que lo trajeron, varias formaciones comunistas, defendieron el derecho a la libertad de expresión a la hora de organizar la conferencia y los contrarios intentaron boicotear el acto por tratarse del representante de un país en el que las garantías democrácticas son, directamente, inexistentes (opinión personal intoxicada por los medios sionistas)
Al "respective" (como dice el gran personaje de Pazos, en la peli Airbag) me apetece decir que todos aquellos mendrugos que intentaron boicotear el acto muestran el mismo talante democrático del país que critican. Porque se supone (aunque es mucho suponer) que en esta democracia (de mierda, pero democracia) se puede decir lo que uno quiera (que me río yo luego, pero me ceñiré a la teoría) siempre y cuando no se cometa un delito. Así, que si este señor venía a hablar de su mundo socialista de fantasía y de color tiene todo su derecho y que le vaya a ver el que quiera, mientras no venga a decirnos que su sistema es el que se tiene que imponer aquí, porque es cuando le mandaría un poquito a la mierda.
El hecho de que en su país una charla similar no pueda tener lugar (intentad organizar una jornada sobre democracia occidental en el salón de actos de un pueblo de Corea del Norte. Luego me comentáis qué os han dicho) no quiere decir que tengamos que pagar con los mismos mimbres. Al contrario, lo que se supone que se hace en una sociedad democrática es respetar al diferente por muy lejos que estén sus postulados de los nuestros. Por ello, los que se apresuraron a calentar el ambiente de la gente con llamadas al boicoteo son igual de poco democráticos que un señor que defiende un sistema totalitario. Contando que algunas de las críticas provenían del Partido Popular, que todos sabemos que es el máximo exponente de la democracia en España (y por ahí), hasta dan ganas de alistarse al Ejército Rojo. Ah, y como pequeño inciso para los niñatos que pintaron símbolos nazis, lo único que puede decirse en un idioma suficientemente sencillo para que lo entiendan es: "vosotros, mal, tontos del culo".
Yo no fui a la charla. En un mundo ideal, me hubiera gustado asistir para confrontar ideas. Me hubiera gustado que este señor me explicara cómo en un sistema igualitario el "camarada" presidente (que hace y deshace a su antojo) no es lo mismo que el "camarada fontanero" o el "camarada basurero", cómo es posible que todo el Mundo se haya puesto de acuerdo y esté en contra de un solo país (me suena más al chiste del que va contra dirección en la autopista, oye en la radio que avisan de que un conductor va en sentido contrario y exclama: "¿uno solo? ¡Pero si vienen todos del revés!) Le hubiera preguntado cómo es posible que en dicho sistema justo y equitativo en el que según dice todo se redistribuye, hay un solo partido y el actual presidente heredó el cargo de su padre y de su abuelo como cualquier nauseabunda monarquía que se precie. Y por qué la frontera no está abierta. Porque yo no me querría pirar de un paraíso como el que nos pintan tipos como el señor Cao. Así que, ¿para que cierran la frontera a cal y canto y dejan a familias coreanas partidas sin verse durante décadas?¿para qué no entremos todos de golpe a tan fantástico lugar? Ejem, ejem.
Pero, primero, me di cuenta de que tenía mejores cosas que hacer un sábado por la tarde como ver la última película de ese sucio perro capitalista de Quentin Tarantino para emponzoñarme con la decadencia cultural del malvado Tio Sam. Y segundo, sabía de antemano que dicha libre confrontación de ideas no es posible. Porque se trata de una persona con dudas (yo) debatiendo con alguien que tiene la verdad absoluta; una doctrina grabada a fuego en el cerebro como cualquier militante de una secta. Y eso es hablar con una pared.
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