Yo no puedo pasar un día sin escuchar música de la forma que sea. Escucho música trabajando, leyendo, conduciendo, cuando voy por calle, cuando la pincho, tarareo, cuando estoy en la cama...
Eso sí, nunca he podido ir en plan melómano y sentarme a escuchar música. Para mi es el complemento perfecto para multitud de actividades pero no puedo oirla sin hacer nada más.
Me considero una persona de mente abierta. No soy de esos que escuchan tal estilo y todo lo demás es una puta mierda. Durante los años han predominado unos estilos u otros en mis gustos: tuve mi época de rock español ochentero, de rap, de grunge, de metal y new metal, de electrónica y, últimamente, he entrado también en el rollo poperil e indie gracias a la inmensa sabiduría de los colegas del programa de radio y los festivales de la zona. Las posibilidades son muchas para limitarse.
Considero que si te gusta la música no te puedes encerrar en un solo estilo y siempre puedes probar nuevos grupos o solistas. Eso sí, luego con toda libertad, puedes decir "esto me gusta", "esto me la pela" o, directamente, "esto es una mierda".
Porque a mi pronto se me llena la boca con que tal o cual canción o grupo son basura. He de reconocer que lo bueno o lo malo es cuestión de criterios. Pero no me puedo pasar la vida apuntando "yo creo que...", "en mi opinión...". Coño, estoy hablando yo o sea que lo que salga de mi boca será mi opinión y no la del vecino, ¿estamos?
Me gusta pensar que no soy un snob. Hay modernetes y alternativos que tienen más cuento que el copón y su música no sirve ni para banda sonora de ascensor y hay artistas comerciales que valen la pena. Y viceversa. La calidad no es patrimonio exclusivo de nadie.
Eso sí, me considero en pleno uso de facultades para describir lo que para mi es la antimúsica. Se trata de esas canciones que parece hechas en laboratorios con forma de estudio discográfico, temas in vitro creados con el único objetivo de estar en las listas de los más vendidos. Y eso no tiene que ver nada con la música.
Ponemos un poco de latineo, un título hortera, un cantante con pinta de chuloputas o una solista con pinta de zorraca, que la líbido vende mucho; ritmo machacón, letra hecha por un alumno de Primaria, un poco de "sí, mi amor. No puedo vivir sin ti", un "yeyeye" por aquí, un "uououo" por allá, voces impersonales que no se distinguen las unas de las otras... Vamos, la música de la gente a la que se la pela la música para gente a la que se la pela la música.
Como ya me estoy alargando, solo un apunte final. Me dan puto asco estos programas de tele que llevamos diez años sufriendo al estilo Operación Triunfo y sucedáneos. Antes, los de las discográficas salían de safari a ver qué fiera cazaban para convertirla en un gatito doméstico que dijera a todo que sí. Hasta que se han dado cuenta de que es mejor criar a triunfitos en granjas llamadas OT o Número 1.
...Yo tampoco entiendo una vida sin Música!
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