martes, 25 de febrero de 2014

Diseñado para la Paz

Yo estoy diseñado para la Paz.

No os equivoquéis. Ni soy seguidor de Ghandi, ni de la Madre Teresa de Calcuta (además, no me fío de la gente que supuestamente es tan buena). Simplemente, estoy genética y culturalmente diseñado para la Paz.

Que no. Que no soy la reencarnación de Buda (aunque físicamente lo parezca) Que no va por ahí la cosa.

Hay muchas veces en las que le partiría a alguien la cabeza. Hay veces en las que pienso cómo sería vivir en la Edad Media o el Salvaje Oeste. Cuando alguien te molestaba le retabas a un duelo y te lo cargabas (si iba bien, claro. Si no la palmabas tú. Aunque eso también resolvía el problema, ¿no? Estás muerto, ya no te pueden tocar los cojones)

¿Por qué digo entonces que estoy diseñado para la Paz? Pues porque concentro dosis milimétricamente equilibradas de dos cosas: ¿Paz y Amor? No. ¿Buena Voluntad y Firme creencia en el Ser Humano? Qué no. ¿Espiritualidad y Confianza en un Ser Superior que vela por nosotros? ¡¡¡Qué no, joder!!!

Esos dos elementos son COBARDÍA y PEREZA

Yo soy de la cultura del "nanioniano y si hay follón, me doy discretamente la vuelta y me piro". Me hace gracia cuando en algún momento de mi vida y debido a mi envergadura alguien me ha dicho cosas del estilo "contigo voy seguro/a" o "no tendría reparo en meterme en una pelea si me acompañas". ¡¡¡Ignorantes!!! Nunca habrán visto huir tanta carne tan rápido si alguna vez huelo una posibilidad por muy recóndita que sea de que va a haber tangana.

Opino que la valentía (por lo menos el estereotipo) es estupidez encubierta. O que oculta tendencias suicidas. O las dos cosas juntas. Además, va contra natura que la autopreservación es uno de nuestros instintos más arriesgados.

Y donde no llega la cobardía le toma el relevo la pereza. "Buffff, ¿ahora me tengo yo que dar de hostias? Eso significa hacer esfuerzo físico, ¿no? Levantar el brazo, descargar la mano. Pegar alguna patada con la riñonera tan cascada como la tengo. Quita, quita".

Así que amigos, para ser pacíficos no hace falta ser buena gente. Tan solo hace falta combinar adecuadamente holgazanería y cobardía, dos rasgos de personalidad no muy apreciados que aquí se convierten en virtud.


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