jueves, 13 de febrero de 2014

(In)cultura funeraria

Hoy ha sido el funeral del padre de unas amigas mías a las que quiero un montón. Estos dos días, tanto el velatorio de ayer como el funeral de hoy, han confirmado algunas cosas que no me agradan mucho de lo que podríamos llamar vertiente "cultural" de este tipo de trágicos acontecimientos.

Es lacerante la falta de respeto de aquellos que vienen poco menos que a entretenerse un rato y a protagonizar conversaciones a voz en grito sobre los temas más banales con el difunto de cuerpo presente. No saben respetar el dolor de la familia. ¿No hay listas de invitados para las bodas? Pues quizá debería empezar a haber listado para los funerales. Y el que no sea estrictamente necesario, que no pase de la puerta de entrada del tanatorio. Que deje sus deseos por escrito en una urna.

Es triste que se eche de menos a seguratas como en las puertas de las discotecas para seleccionar a la gente que quiera acompañar a sus seres queridos en momentos tan tristes de los que, simplemente, vienen a alparcear y soltar las banalidades típicas de "ahora está descansando", "es lo que hay, ¿Qué se le va a hacer?" y lugares comunes por el estilo.

En el tema de la misa, no puedo opinar demasiado. No he entrado. Cuando murieron mis abuelos hace veinte años me rayaron tanto los sermones que decidí que, si podía evitarlo, no entraría en la iglesia ni harto vino. Soltaron cuatro tópicos que lo mismo podrían haber estado del vecino o de alguien en China. En muchas ocasiones, el cura no conoce a la persona así que sale del paso con una perorata que mezcla la Biblia con frases tópicas a lo "qué buena persona era", "buen esposo, mejor padre" o "amigo de sus amigos". En el caso del padre de mis amigas es cierto. Era un tipo cojonudo. Por eso, precisamente, me jode que le hayan podido dar el mismo sermón que a otras personas que fueran, simple y llanamente, unos hijosdeputa.

En ese sentido, y no conozco el sistema (solo lo que he visto por las películas) me gustaría más un funeral protestante; ese en el que las personas allegadas tienen la oportunidad de recordar y compartir momentos que marcaron su relación con la persona que ya no está. El funeral católico es muy burocrático y frío. Muy de trámite.

Y luego está el duro momento de meterlo en el nicho. Duro y extraño porque mientras uno sufre y se da cuenta de que allí están metiendo a quién tanto ha significado en tu vida, estás viendo la espalda del albañil cerrando el hueco. No sé cuánto tiempo tarda, pero se hace una eternidad. A veces, es curioso como normalizamos situaciones que en otro momento nos parecerían surrealistas.

Supongo que al final hay que estar por encima de todas esas circunstancias que poco o nada tienen que ver con la pérdida de un ser querido (aunque a veces te lo pongan difícil), apoyarte en quién de verdad está a tu lado, soportar estoicamente a los que vienen por quedar bien o por curiosidad morbosa y homenajear cada día al ser querido recordando los momentos vividos a su lado.


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